Domingo 23 de Enero de 2011
Demostraciones de afecto:
Una visión desde el Construccionismo Social
En primera instancia quisiera compartir que decidí cambiar de tema para la presente tarea debido a los eventos que se han suscitado, con mayor intensidad, durante la última semana en mi vida. Aunque, debo reconocer que esta temática siempre ha sido de mi interés debido a que personalmente me cuesta mucho (cada vez menos) demostrar mi afecto hacia los demás, por lo que inició como una auto reflexión y exploración a mi vida y a mis motivaciones al respecto pero que, al pensar cada vez más en mis motivaciones, terminó convirtiéndose en algo muy colaborativo.
La temática elegida tiene que ver con las demostraciones afectivas que realizamos a las personas que se encuentran a nuestro alrededor, lo que me hace preguntarme, por una parte, ¿qué hace que las personas "detengamos" nuestra afectividad o no realicemos demostraciones de afecto hacia los demás?, ¿es el temor a sentirnos vulnerables o a demostrar nuestros puntos "débiles" lo que nos detiene?, ¿es el miedo a ser vistos como "arribistas” o "aduladores"? ¿Es, acaso, alguna otra cosa?; y por otra, ¿por qué la sociedad Yucateca valida o acepta de mejor manera aquellas demostraciones de afecto negativas?, ¿qué hace que pensemos “mal” de las personas que demuestran su afecto positivo y pensemos “bien” de aquellos que demuestran su enojo ante ciertas situaciones?
Empecemos conociendo parte de nuestro “objeto de estudio”: la afectividad. Para la mayoría de los autores, dicho concepto hace referencia a un conjunto de emociones, de estados de ánimo y/o de sentimientos que influyen en el pensamiento, la conducta y la forma de relacionarnos con los demás. Por lo tanto, las demostraciones afectivas son aquellas acciones verbales o físicas por medio de las cuales “hacemos ver” nuestros sentimientos a los demás y definitivamente es un constructo social al ser determinado por la calidad de nuestras interacciones. Como creo que es muy claro que esto es un constructo social, he decidido indagar, reflexionar y compartir lo relacionado con el proceso o motivaciones por las que las personas demostramos o no nuestras emociones, el proceso por el cual la sociedad se impone ante nuestro comportamiento.
Una vez definida la temática a trabajar, quisiera mencionar que para la realización de esta actividad, me di a la tarea de compartir dichas preguntas vía facebook, por lo que de alguna manera, esta reflexión es un trabajo colaborativo en el cual intentaré plasmar las esencias compartidas por mis colaboradores.
Así, iniciemos con la primera de las dos vías a las que me llevó esta temática: ¿qué determina nuestras demostraciones de afectividad? Cabe mencionar que aunque la afectividad incluye tanto situaciones positivas como negativas, hasta este momento sólo se abordarán aquellas demostraciones positivas como el cariño, al amor, la alegría, etc. Así, en primera instancia, muchos coincidimos en que, aunque de manera informal, recibimos la primera educación emocional al respecto en la casa, con la familia nuclear. En dicha situación, es claro que entran en juego conceptos como el aprendizaje por imitación o el aprendizaje social, por ello las pautas de interacción que nos modelan nuestros padres son uno de los primeros factores que contribuyen a la puesta en marcho o a la extinción de las demostraciones afectivas. En la misma línea, me preguntaba ¿por qué las demostraciones de afecto hacia el mismo sexo (especialmente de varón a varón) son tan penalizadas?, ¿acaso un simple abrazo es suficiente para pensar que estamos enamorados de la otra persona?, ¿acaso un simple beso en la mejilla es un atentado contra la virilidad? De igual forma, creemos que entre los factores que intervienen en la decisión que tomamos de demostrar nuestro afecto se encuentra el temor a lo que piensen los demás, principalmente por tres razones:
1) El temor a ser rechazado por el otro (aquel a quien demostramos el afecto), incluyendo a la familia nuclear. De aquí se desprende la importancia que tiene el otro al momento de recibir el afecto, por ejemplo un abrazo. Si lo recibe agradablemente nos sentiremos más motivados a reincidir una siguiente vez, en caso contrario evitaremos cualquier tipo de contacto físico.
2) El temor a ser percibido como un arribista o convenenciero tanto por el sujeto de nuestro afecto como las personas que se encuentran a nuestro alrededor. Lo anterior, parece suscitarse principalmente en ambientes laborales, específicamente en la situación trabajador-jefe.
3) El temor de ponernos en situación de vulnerabilidad ante los demás, lo que no sólo elimina las demostraciones de afecto positivas sino que incita a aquellas negativas.
Por otra parte, me preguntaba lo siguiente: ¿por qué la sociedad valida o acepta de mejor manera aquellas demostraciones de afecto negativas?, ¿qué hace que pensemos “mal” de las personas que demuestran su afecto positivo y pensemos “bien” de aquellos que demuestran su enojo ante ciertas situaciones? Pensaba en un ejemplo en particular: Trabajo en la Secretaria de Educación Pública y con bastante frecuencia tengo que acudir a las oficinas de dicha institución para realizar trámites administrativos. Aquí, me ha tocado ver cómo, ante una discusión entre un profesor y una secretaria, se le aplaude al profesor (sin saber realmente el contexto de la situación) porque “pensamos” que éste al gritar no está haciendo otra cosa, más que defender sus derechos. Mientras que al ver a un compañero de trabajo abrazar efusivamente al director de algún plantel no podemos, en su mayoría, evitar pensar que lo hace por conveniencia, por arribismo o por “lambisconería”…
Tal pareciera que las respuestas a estas preguntas, nos harán reflexionar al respecto, por lo menos a concientizarnos sobre aquello que hacemos sin, en muchas ocasiones, darnos cuenta del por qué, simplemente porque es lo que se espera de nosotros, es lo que la sociedad no castigaría, es lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida y espero que no sea lo que perpetuemos en nuestros hijos….
Hay varias cosas que me parecieron muy interesantes, una de ellas es la que tiene que ver con lo siguiente: pareciera que todos o la gran mayoría estamos conscientes de que las demostraciones de afecto son algo que debemos hacer sin importar el qué dirán los demás; sin embargo “los demás” o la sociedad influyen de tal manera que aunque conscientemente sepamos lo que queremos/debemos hacer, en realidad las cosas no siempre suceden así. En realidad termina importándonos mucho, en realidad no somos tan afectivos por miedo a ser juzgados como algo que no somos, en realidad mi hermano y mi padre no se besan porque no es una conducta fomentada por la sociedad. Es decir, la sociedad, termina imponiéndose en contra de nuestra “buena voluntad”, limitándonos casi inevitablemnte.
Francamente, sé que el trabajo debería de terminar con una conclusión, sin embargo durante la redacción de ésta, recordé otros cuestionamientos que surgieron de mis compañeros: ¿las demostraciones afectivas de tipo físico (abrazos, besos) son más difíciles o menos comunes que las verbales (te quiero)? ¿por qué?, ¿qué sucede con los adolescentes actuales que parecieran no tener alguna dificultad en demostrar su afecto verbal a sus pares aunque no a su familia?, ¿será que esta generación logre cambiar la forma tradicional de relacionarnos afectivamente? Bueno, al menos sé que dada la velocidad en la que nos encontramos inmersos, tendré oportunidad de ver estos cambios, sí es que realmente se dan...
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