martes, 22 de marzo de 2011

Creencias...



--Yo creo (tolerante)
--Lo que yo creo es verdad (dogmático)
--Lo que yo creo es verdad y es bueno (fanático)
--Lo que yo creo es verdad, es bueno y por tu bien tienes que admitirlo (...)

lunes, 21 de marzo de 2011

Procesos Reflexivos con Rocío Chaveste: Reflexión 1


Reflexión 1
Procesos Reflexivos con Rocío Chaveste
Basada en el texto “Herejías Terapéuticas: Un acercamiento Construccionista Relacional a la Psicoterapia” del Dr. Edgardo Morales Arandes y en la conversación realizada el 11 de Marzo de 2011.

                En primera instancia quisiera mencionar que al leer el título del Artículo del Dr. Morales, la palabra “herejía” resonaba constantemente en mi cabeza, me sitúo primero en pensamientos religiosos de la época de cacería de brujas para después llevarme a la idea de Dogmas y, partiendo de esto, a pensar en cómo la propuesta del autor (hasta ahora desconocida para mí) podría divergir tanto del camino trazado por las “vacas sagradas” de la psicoterapia.
                Una vez que me fui adentrando en el tema, el cual sin duda esta matizado bajo la perspectiva del socio construccionismo, me fui percatando sobre  a qué hace referencia el autor: al hecho de concebir el proceso terapéutico bajo una perspectiva interactiva, plural, dinámica.
Pensaba, por una parte en las ideas o discursos que nos han vendido y hemos comprado durante décadas en torno al “deber ser” de la psicoterapia: un espacio liderado por un experto (el psicólogo) al cual acude un paciente a recibir orientación sobre cómo “mejorar” su vida; y que a su vez, éste camino genera en los psicólogos principiantes una ansiedad y miedo terribles por temor a “descomponer más” la vida de los clientes. En cómo muchos de nosotros hemos comprado durante muchos años la idea de la expertés y capacitación específica (especialización en clínica infantil) para siquiera atrevernos a explorar esta área.
Una frase del texto que llamó mi atención es la siguiente “lo que escuchamos en psicoterapia NO son historias descontextualizadas”, es decir, existe una relación multidireccional en torno al cliente y al terapeuta así como las múltiples voces e identidades que cada uno lleva a la conversación, lo que da pie a la co-generación de historias enfatizándonos como agentes de cambio en la resignificación de historias y en la construcción de realidades.
Al continuar leyendo al respecto, contrario a la recomendación de Gergen, no pude evitar pensar en el concepto de “heterarquía” el cual surge de la cibernética. Dicho concepto hace referencia a la organización horizontal y bidireccional que se da entre dos entes, generando así una ausencia de poder de uno sobre otros (contrario a la jerarquía). Lo anterior genera el trabajo colaborativo en vez del competitivo.
En el artículo, el Dr. Morales hace un atento llamado a no enrollarse en la bandera del construccionismo relacional, y yo lo hago extenso a la posmodernidad, para proclamarla como “LA VERDAD” de las cosas. Por el contrario, realiza una invitación a reconocer que cualquier propuesta esta situada en un contexto histórico y cultural específico, lo que aunque pareciera obvio, considero que es importante enfatizar debido a que muchas veces somos presas fáciles del  radicalismo.
Por otra parte, de las tres modalidades de prácticas relacionales que se presentan en el documento, la que más significado me hace es la primera: la Generación del diálogo y la indagación compartida a través de diversas herramientas que desde una mirada tradicional pudieran considerarse como impensables y poco éticas.  Esta diferencia entre oír y escuchar que hace referencia a la escucha activa de Harlene Anderson, es algo que aunque pareciera “lógico” que todas las personas hiciéramos, es algo que se pierde de vista con tanta frecuencia que termina siendo algo casi inexistente. En mi experiencia, muy pocas personas y muy ralos psicólogos escuchan en vez de oír.
Finalmente, aunque sé que Rocío no está de acuerdo con el concepto de inclusión educativa que rige en éste momento a la Educación Especial, no pude evitar pensar en que la segunda modalidad de práctica relacional de Edgardo: “la Co-creación de competencias y habilidades” comparte mucho con dicho paradigma. De igual forma que en la propuesta del autor, la inclusión hace hincapié en la posibilidad de centrarse en las habilidades, capacidades y fortalezas de las personas y, a partir de ellas, generar nuevas habilidades que permitan dar respuesta a las necesidades que las personas manifestamos en ese momento (y que no significa que perduren por siempre). Hace hincapié también en la importancia del contexto debido a lo relacional y que es la interacción entre las personas y el contexto lo que genera lo que conocemos como Necesidades Educativas Especiales. Sé que es un término controversial, pero al menos desde mi lugar, en éste momento, es lo que más se acerca a las ideas del autor. Sin embargo, prometo estar más atenta a todas aquellas experiencias e historias que me lleven a otra posibilidad.
Caro.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Pensar en Disyuntiva

Pensar en Disyuntiva
      Cada elección entraña una falsa seguridad. En el fondo, no podemos controlar nada. Cada decisión conlleva la veleidosa danza del devenir, que sin música, ni ritmo alguno, atrae al mundo todo, la vida incluso, al reconocimiento de su inherente incertidumbre...

martes, 8 de febrero de 2011

Domingo 23 de Enero de 2011

Demostraciones de afecto:
Una visión desde el Construccionismo Social

En primera instancia quisiera compartir que decidí cambiar de tema para la presente tarea debido a los eventos que se han suscitado, con mayor intensidad, durante la última semana en mi vida. Aunque, debo reconocer que esta temática siempre ha sido de mi interés debido a que personalmente me cuesta mucho (cada vez menos) demostrar mi afecto hacia los demás, por lo que inició como una auto reflexión y exploración a mi vida y a mis motivaciones al respecto pero que, al pensar cada vez más en mis motivaciones, terminó convirtiéndose en algo muy colaborativo.
La temática elegida tiene que ver con las demostraciones afectivas que realizamos a las personas que se encuentran a nuestro alrededor, lo que me hace preguntarme, por una parte, ¿qué hace que las personas "detengamos"  nuestra afectividad o no realicemos demostraciones de afecto hacia los demás?, ¿es el temor a sentirnos vulnerables o a demostrar nuestros puntos "débiles" lo que nos detiene?, ¿es el miedo a ser vistos como "arribistas” o "aduladores"? ¿Es, acaso, alguna otra cosa?; y por otra, ¿por qué la sociedad Yucateca valida o acepta de mejor manera aquellas demostraciones de afecto negativas?, ¿qué hace que pensemos “mal” de las personas que demuestran su afecto positivo y pensemos “bien” de aquellos que demuestran su enojo ante ciertas situaciones?
Empecemos conociendo parte de nuestro “objeto de estudio”: la afectividad.  Para la mayoría de los autores, dicho concepto hace referencia a un conjunto de emociones, de estados de ánimo y/o de sentimientos que influyen en  el pensamiento, la conducta y la forma de relacionarnos con los demás. Por lo tanto, las demostraciones afectivas son aquellas acciones verbales o físicas por medio de las cuales “hacemos ver” nuestros sentimientos a los demás y definitivamente es un constructo social al ser determinado por la calidad de nuestras interacciones. Como creo que es muy claro que esto es un constructo social, he decidido indagar, reflexionar y compartir lo relacionado con el proceso o motivaciones por las que las personas demostramos o no nuestras emociones, el proceso por el cual la sociedad se impone ante nuestro comportamiento.
Una vez definida la temática a trabajar,  quisiera mencionar que para la realización de esta actividad, me di a la tarea de compartir dichas preguntas vía facebook, por lo que de alguna manera, esta reflexión es un trabajo colaborativo en el cual intentaré plasmar las esencias compartidas por mis colaboradores.
Así, iniciemos con la primera de las dos vías a las que me llevó esta temática: ¿qué determina nuestras demostraciones de afectividad? Cabe mencionar que aunque la afectividad incluye tanto situaciones positivas como negativas, hasta este momento sólo se abordarán aquellas demostraciones positivas como el cariño, al amor, la alegría, etc.  Así, en primera instancia, muchos coincidimos en que, aunque de manera informal, recibimos la primera educación emocional al respecto en la casa, con la familia nuclear. En dicha situación, es claro que entran en juego conceptos como el aprendizaje por imitación o el aprendizaje social, por ello las pautas de interacción que nos modelan nuestros padres son uno de los primeros factores que contribuyen a la puesta en marcho o a la extinción de las demostraciones afectivas. En la misma línea, me preguntaba ¿por qué las demostraciones de afecto hacia el mismo sexo (especialmente de varón a varón) son tan penalizadas?, ¿acaso un simple abrazo es suficiente para pensar que estamos enamorados de la otra persona?, ¿acaso un simple beso en la mejilla es un atentado contra la virilidad?  De igual forma, creemos que entre los factores que intervienen en la decisión que tomamos de demostrar nuestro afecto se encuentra el temor a lo que piensen los demás, principalmente por tres razones:
1)      El temor a ser rechazado por el otro (aquel a quien demostramos el afecto), incluyendo a la familia nuclear.  De aquí se desprende la importancia que tiene el otro al momento de recibir el afecto, por ejemplo un abrazo. Si  lo recibe agradablemente nos sentiremos más motivados a reincidir una siguiente vez, en caso contrario evitaremos cualquier tipo de contacto físico.
2)      El temor a ser percibido como un arribista o convenenciero tanto por el sujeto de nuestro afecto como las personas que se encuentran a nuestro alrededor. Lo anterior, parece suscitarse principalmente en ambientes laborales, específicamente en la situación trabajador-jefe.
3)      El temor de ponernos en situación de vulnerabilidad ante los demás, lo que no sólo elimina las demostraciones de afecto positivas sino que incita a aquellas negativas.
Por otra parte, me preguntaba lo siguiente: ¿por qué la sociedad valida o acepta de mejor manera aquellas demostraciones de afecto negativas?, ¿qué hace que pensemos “mal” de las personas que demuestran su afecto positivo y pensemos “bien” de aquellos que demuestran su enojo ante ciertas situaciones?  Pensaba en un ejemplo en particular: Trabajo en la Secretaria de Educación Pública y con bastante frecuencia tengo que acudir a las oficinas de dicha institución para realizar trámites administrativos. Aquí, me ha tocado ver cómo, ante una discusión entre un profesor y una secretaria, se le aplaude al profesor (sin saber realmente el contexto de la situación) porque “pensamos” que éste al gritar no  está haciendo otra cosa, más que defender sus derechos. Mientras que al ver a un compañero de trabajo abrazar efusivamente al director de algún plantel no podemos, en su mayoría, evitar pensar que lo hace por conveniencia, por arribismo o por “lambisconería”…
Tal pareciera que las respuestas a estas preguntas, nos harán reflexionar al respecto, por lo menos a concientizarnos sobre aquello que hacemos sin, en muchas ocasiones, darnos cuenta del por qué, simplemente porque es lo que se espera de nosotros, es lo que la sociedad no castigaría, es lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida y espero que no sea lo que perpetuemos en nuestros hijos….
Hay varias cosas que me parecieron muy interesantes, una de ellas es la que tiene que ver con lo siguiente: pareciera que todos o la gran mayoría estamos conscientes de que las demostraciones de afecto son algo que debemos hacer sin importar el qué dirán los demás; sin embargo “los demás” o la sociedad influyen de tal manera que aunque conscientemente sepamos lo que queremos/debemos hacer, en realidad las cosas no siempre suceden así. En realidad termina importándonos mucho, en realidad no somos tan afectivos por miedo a ser juzgados como algo que no somos, en realidad mi hermano y mi padre no se besan porque no es una conducta fomentada por la sociedad. Es decir, la sociedad, termina imponiéndose en contra de nuestra “buena voluntad”, limitándonos casi inevitablemnte.
Francamente, sé que el trabajo debería de terminar con una conclusión, sin embargo durante la redacción de ésta, recordé otros cuestionamientos que surgieron de mis compañeros: ¿las demostraciones afectivas de tipo físico (abrazos, besos) son más difíciles o menos comunes que las verbales (te quiero)? ¿por qué?, ¿qué sucede con los adolescentes actuales que parecieran no tener alguna dificultad en demostrar su afecto verbal a sus pares aunque no a su familia?, ¿será que esta generación logre cambiar la forma tradicional de relacionarnos afectivamente?  Bueno, al menos sé que dada la velocidad en la que nos encontramos inmersos, tendré oportunidad de ver estos cambios, sí es que realmente se dan...

domingo, 16 de enero de 2011

Construcción Social


16 de Enero de 2011

Reflexión basada (entre otras cosas) en el texto:
La construcción social de la realidad de Berge, P. y Luckmann, T., (1966)





En primera instancia y a modo de introducción, quisiera compartir algunas de las ideas principales del texto así como aquellas que, dada mi historia personal, me parecieron significativas y/o con sentido, seguida de cada una de ellas, me gustaría compartir mi reflexión o pensar en torno a ellas y finalmente, terminar con una conclusión general.
Con respecto al texto, llama mi atención que los escritores, uno americano y el otro alemán, elijan no citar a los diversos autores en los que se basan sus argumentos tal como generalmente se hace en los textos de divulgación puesto que uno de los intereses de toda obra es compartir con los demás los preceptos que se plasman en la misma así como los orígenes de dichos preceptos.   Supongo que lo anterior se debe al énfasis en demostrar que el conocimiento se construye en sociedad y que tal como Foucault dijo, “el autor ha muerto”, sin embargo me encuentro en desacuerdo al respecto debido a que considero que siguiendo este camino olvidaríamos no sólo quien escribió o creó “x” o “y” obra, libro o pensamiento, sino también su historia, su contexto, el por qué y el cómo llegó a dicha acción.
Por otra parte, se encuentran las dos premisas fundamentales de la obra: 1) que la realidad se construye socialmente y que, 2) la Sociología del conocimiento debe dedicarse a analizar los procesos por los cuales esto se produce (p. 13). De igual forma, los autores consideran que de las muchas realidades en las que las personas nos encontramos durante nuestra vida, la de la vida cotidiana es la más “real” por ser la que se da por sentado, aquella a la que nos habituamos ya que se da por supuesta sin siquiera cuestionarla.  Lo anterior me hace preguntarme lo siguiente: ¿qué cosas y cómo suceden dichas cosas para que el proceso de habituación se dé de una forma tan natural como para asumirla sin objetarla?  Al respecto, en el libro se menciona que esto se da mediante un proceso de justificación y explicación que a su vez constituyen la legitimación de los constructos sociales.  Estas legitimaciones pueden ser de diversas formas: legitimación incipiente (vocabulario), de proporciones rudimentarias (leyendas, cuentos), de teorías explícitas (reseñas extensas institucionales) y de universos simbólicos.  Ésta última, considerada como la más importante, se construye mediante la interacción y la objetivación social sin embargo, es tan compleja y amplia que las personas podemos ubicarnos dentro de ella aún cuando estamos “solos”, es decir que continuamos construyéndonos y legitimizando los diversos constructos sociales en las interacciones con nosotros mismos. Éste punto me parece muy importante y espero haberlo entendido bien porque me ayuda a responder una duda que se ha presentado en varias ocasiones (y que ayer se repitió en clases): ¿el ser humano puede continuar construyéndose socialmente en soledad?   Siguiendo la misma línea, en alguna parte del texto (que luego, no encontré), los autores comentan que los individuos no nacen como miembros de una sociedad, lo que me hace preguntarme si esto es realmente así, puesto que ligando cultura a sociedad, las personas desde antes de nacer nos vemos influenciadas y en ocasiones determinadas (en muchos aspectos de nuestras vidas) por las creencias de nuestros padres, mismas que son producto de la sociedad en la que se desenvuelven. 
Por otra parte, a lo largo del libro, uno de los aspectos que más sentido me causó fue el de la Interacción cara a cara, considerado como el mejor modelo de interacción social y del cual se derivan los demás (p. 46).  Es de muchos sabido, mas no concientizado que una de las mayores dificultades en las relaciones humanas se producen por una comunicación deficiente o interpretaciones erróneas durante este proceso de comunicación. Sí ésta se da en la comunicación cara a cara en la cual podemos escuchar palabras, observar gestos y transmitir los nuestros, ésta dificultad es potenciada cuando este intercambio de ideas se da mediante el uso de la tecnología como los mensajes escritos vía celular o messenger y las llamadas telefónicas.
Así mismo, me parece interesante la importancia que Berge y Luckmann le dan al lenguaje dentro de la interacción social  para la construcción de la realidad y coincido en pensar que el lenguaje (en todas y cada una de sus modalidades) es el vehículo o medio de locomoción de las ideas, de los pensamientos, de las teorías, de las acciones y por tanto de la sociedad.
            Finalmente, y a modo de conclusión, quisiera terminar con lo siguiente y lo que tal vez sea mi tema a desarrollar en el siguiente trabajo: en el primer capítulo del libro se comenta la siguiente frase “Existo si interactúo socialmente” lo que a mi parecer puede resultar tan determinista como el “cogito, ergo sum” de Descartes.  Creo en la relatividad de las cosas y en que casi todo (o todo) puede ser una herramienta para comprender el mundo de una manera más acertada dependiendo de la situación específica a la que nos refiramos, es por ello que considero que así como el término y significado de “construcción Social” es también un constructo socialmente construido, también podría ser asumido sin cuestionar, sino simplemente por habituación…



Lilia Carolina Torres Báez